
Vivimos en un mundo acelerado, pareciera que estamos corriendo un maratón constantemente y nunca nos detenemos para respirar, pensar, vivir, disfrutar.
En los últimos meses en mi trabajo me ha llamado la atención que las personas no ponen atención a lo que dicen. Se comprometen a entregar sus asignaturas en “x tiempo” y no lo hacen. Primero pensaba que tenía que ver con como yo hiciera el pedido y por eso incumplían, pero no. Aún cuando ellos proponen la fecha, no cumplen y peor aún, no se dan cuenta.
Y de ahí mi grito desesperado de: ¡Sal del automático! Para, inhala, exhala. Tómate un tiempo de para responder, para hacer lo que estás haciendo, pon atención a lo que dices, a lo que te comprometes. No hables por hablar, no abraces por abrazar, no beses por besar.
Todo lleva su tiempo. La vida son instantes y en la medida en la que estemos presentes en esos momentos y los vivamos a plenitud, seremos felices.
El ayer ya no existe y el mañana no ha llegado. Hoy estoy aquí, frente a mi compu, compartiendo mis letras, sonrío, escucho música, al rato solo Dios qué estaré haciendo, en qué estaré pensando.
Y como bien me enseñó mi amiga Bety hace algunos años: #UnDíaALaVez
Tú sabrás qué decides, yo por lo pronto elijo parar, ser mi palabra, vivir en conciencia y disfrutar de esos pequeños instantes que cada día la vida me regala. Hacer una pausa, vaya que hace la diferencia.
¿Te animas?