Mi isla de la fantasía

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Mi Isla de la Fantasía“La Isla de la Fantasía”, así se titulaba de una serie de televisión norteamericana muy famosa en los años ochentas, un sitio donde la gente iba a hacer realidad sus “sueños”. Sorprendentemente, hace un par de meses tuve el privilegio de conocer un lugar así, al que denominé Mi Isla de la Fantasía.

Pero, ¿qué tenía de especial? Para mí todo.

Empezaré por contarte, que llegué ahí sin esperarlo y sin pensarlo. Fue como un regalo que la vida me dio, un premio quizá por algo bueno que hice, un apapacho al corazón para recordarme que los sueños sí se convierten en realidad.

La isla es hermosa, pequeña, con un cielo azul increíble. La luz que hay en ese sito es muy particular, clara, brillante, angelical. Todo te queda cerca: el supermercado, la escuela, la heladería, sitios deliciosos donde comer, la playa, el mar. ¡Ay el mar! Poder madrugar para llegar a tu cita con el amanecer, comenzar tu día agradeciendo por esa bendición. Tener la fortuna de tomarte tu café mañanero en compañía de una amiga disfrutando del sonido de las olas y admirando un cuadro real de océano. ¡No tiene precio!

Eso sin dejar de mencionar la maravilla de contactar y conocer gente hermosa, cariñosa, que me abrieron las puertas de su casa. Consentimiento total, sin muchos motivos para extrañar mi hogar, sintiéndome 100% en familia.

Y qué decir de lo divertido que resulta ir al parque, subirte en un columpio, sentarte y ver a los niños jugar. Enseñar a un pequeño a volar un dron, mientras tú estás aprendiendo a hacerlo.

Dejarte guiar y confiar en las indicaciones que un chico de 4 años te da para llegar de un lado al otro.

Las noches de largas pláticas acompañadas de un delicioso helado. La oportunidad de observar la luna llena a la orilla del mar.

Poder realizar tu trabajo y tomarte un tiempo para compartirlo con los niños. ¡Bendita energía y forma de ver la vida de los chiquitines!

Animarte a hacer cosas por primera vez como jugar y alimentar a una gatita, aún sabiendo que eres alérgica. Intentar jugar X-Box y claro quedarte intentando y desesperando a tu pequeño maestro.

Alzar los ojos al cielo y sorprendente con los colores del atardecer a veces anaranjados, otras rosados, en algunas ocaciones en tonos lilas y morados…

Salir de casa y a unos metros encontrarte con un enorme árbol de Navidad, hermosamente iluminado y gozar como niño con luces en las casas. Escuchar a los pequeños cantando villancicos.

Andar por la vida sin maquillaje con ropa relajada. Degustar un rico tinto acompañado de una exquisita cena; un atardecer viendo barcos; irnos a dormir al mismo tiempo, agotados, pero felices.

Así se fueron los días en Mi Isla de la Fantasía. Aproveché cada instante al máximo, disfruté de las pequeñas cosas de la vida, de la simplicidad, la amorosa compañía, agradecí la oportunidad.

Tu “Isla o Lugar de Fantasía” también existe, incluso puedes hacer del sitio en el que estás un espacio especial, solo necesitar creerlo desde el fondo de tu corazón para crearlo.

¡Hasta la próxima!

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