P A C I E N C I A

Estándar

PacienciaLa semana pasada me tocaba ir al banco, así que decidí hacerlo a primera hora. Tenía 30 minutos para hacer dos deligencias, así que me apresuré a ello.

Llegué a la sucursal y con la buena suerte que no había fila. Mientras Ángel, el cajero que me atendía realizaba mi trámite, empecé a escuchar como una chica, que había entrado detrás de mí, iba subiendo su tono de voz. Al parecer el cajero le decía que tenía que esperar una autorización y fue ahí donde la mujer comenzó a discutir y a hablar más y más fuerte. Para no hacerles la historia larga terminó llamado al gerente de la sucursal. La energía se tornó muy densa. Yo agarré mis documentos, agradecí al cajero con una sonrisa su atención y salí de ahí, impresionada por la falta de paciencia y la prepotencia de aquella mujer.

Mi segunda parada sería el área de atención a clientes de un supermercado. Había una persona delante de mí a quien atendieron rápidamente y se fue. Llegó mi turno y amablemente expliqué a la señorita que me atendió mi requerimiento. Ella estaba muy seria, no sé si incluso de mal humor, sin embargo, logré robarle una sonrisa.

En lo que esperaba que realizara mi transacción llegaron un par de personas, que sin muchas ganas de hacer fila, se acercaron para que les sellara el boleto del estacionamiento, les respondiera alguna pregunta, les entregara bolsas de plástico, en fin. “¡Qué impacientes nos hemos vuelto!”, pensé y continué tranquila, esperando a que la chica terminara.

Las personas que estaban atrás de mí, se acercaron al mostrador para pedir que les hicieran una factura y la respuesta que recibieron fue que tenían que esperar, lo cual no les gustó nada. Quede impresionada, ya que a diferencia de las otras interrupciones, eran personas mayores que hubiera pensado serían más pacientes, pero no. Al final yo terminé mis pendientes de muy buen humor y hasta tiempo me sobró.

¿A dónde quiero llegar contándote esto?

Simplemente quiero que reflexionemos… Vaya que nos hemos vuelto impacientes, queremos que todo sea para ayer, que nos atiendan en cuanto llegamos, que todo suceda al momento. Pareciera que hemos perdido la virtud de la tolerancia, si es que alguna vez la tuvimos. Vivimos a toda velocidad y con nada, a la más mínima provocación no prendemos como si fuéramos una fogata y arremetemos contra tenemos enfrente. Es como si nada existiera solo nosotros. No nos percatamos que además de que le hacemos pasar un mal rato a la persona con la que discutimos, contaminamos el ambiente con nuestra furia y mal humor y que además también nos hacemos daño, incluso echamos a perder esos instantes.

Puedo entender que en alguna vez tengamos prisa, ¿pero siempre? ¿De verdad no podemos tomarnos un tiempo para realizar nuestras actividades con calma disfrutando del momento presente? A final de cuentas el cajero se va a tardar lo que se tenga que tardar y va suceder lo que deba suceder. Un minuto no va a ir más rápido si gritamos.¿Qué necesidad hay de volvernos un “grinch”? Te aseguro que gastamos más energía en enojarnos que la que invertiríamos en inhalar, exhalar y volver a empezar y la pasaríamos mejor.

Regalémonos la oportunidad de experimentar la paciencia, aprendamos de ella. Como dice el refrán: “No por mucho madrugar amanece más temprano”. Y sí, puede haber cosas que están a un solo clic para que sucedan , sin embargo, hay otras, generalmente las que tienes que ver con los seres humanos que llevan otro ritmo.

Así es que recuerda: P A C I E N C I A.

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