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730 días después…

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731-díasDos mundos, dos historias, dos personas que coincidieron y compartieron una parte de su vida juntos. 730 días después… Tú allá y yo acá.

Físicamente ya no somos los mismos, pero espiritualmente tan compatibles como siempre.

Ignoro como es tu vida en la Eternidad, pero mi corazón me dice que estás en paz, lleno de amor, feliz.

La Tierra sigue como la dejaste, yo ya no.

Al volver la vista atrás, miro el camino andado, me doy cuenta de lo que he logrado y me siento muy orgullosa. Me moví de lugar, cambié, evolucioné. Las caídas libres me hicieron crecer, perdonar, madurar. Hasta ahora he cumplido, te prometí que estaría bien y así me siento hoy. Aún no llego a la meta, pero algo dentro de mí, me dice que estoy cerca y que lo voy a lograr, quise decir, lo vamos a lograr.

Papá-y-yoPorque aunque hace 731 días que nos vimos por última vez y que físicamente no estamos juntos, en esencia lo estamos más que nunca.

Dos mundos unidos por un corazón que late fuerte, apasionado, emocionado; que sueña, que ama, que espera; una fe inquebrantable; una mujer que no se detiene, que lucha, que sigue en pie; y como siempre vives en mí.

Tus enseñanzas, tu amor, tu ejemplo, tu ternura. Te pienso, te sueño y sonrío. Me cuidas, me proteges y me dejas ser como desde el principio.

Somos dos, tú y yo; hablando con y de números; contando experiencias; haciendo balances tú a tu manera y yo a la mía; sumas y restas, pero multiplicando y dando amor.

Afortunada, agradecida, amada.

Besos hasta el Cielo.

Más de la mitad de nuestra vida

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Más-de-la-mitad-de-nuestra_vidaEn el transcurso del último mes, van ya dos veces que con diferentes amigas ha salido  esta reflexión: “¿Se dan cuenta que ya hemos vivido más de la mitas de nuestras vidas?” ¡Glup!

Es cierto, si tomamos en cuenta que la esperanza de vida del mexicano es en promedio de 74 años.

Qué fuerte hacerte consciente que ya has recorrido la mitad o un poco más del camino (hablando generalmente claro está). Pensar en todas esas cosas que tienes pendientes, los sueños que aún están en el tintero, los lugares que quieres conocer, las experiencias que anhelas experimentar, en fin.

Qué importante que es vivir cada día al máximo, como si fuera el último; disfrutar de los instantes; hacer lo que me apasiona; sembrar para cosechar; decir lo que sientes; abrazar, besar, acariciar; conectarte con el de al lado; vivir como seres humanos, no como máquinas; agradecer por lo que está y también por lo que no; amar, perdonar y siempre estar dispuesto a volver a empezar; terminar el día con la sonrisa del deber cumplido y la esperanza de mañana poder continuar.

Sin duda, después de meditar esta idea me queda claro que quiero darle más vida a mis años y que si la primera mitad ha sido maravillosa, la segunda lo será aún más, solo depende de mí. ¿Me acompañas?

Y a ti… ¿A dónde te lleva ti esta reflexión? ¿Tienes algo más por hacer? ¿Cómo quieres vivir?

Cuéntame, será un gusto leerte.

Kit de supervivencia para rupturas

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Kit-de-supervivencia-para-rupturas-amorosas¿Terminaste una relación de años? ¿Te sientes deprimido, sin ganas, los días se te hacen eternos, te sobra tiempo, estás triste?

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos pasado por una separación amorosa. Esa experiencia que duele y que resulta difícil transitar y más cuando vienes de mucho tiempo viviendo en pareja. De repente tu mundo cambia, ya sea porque tú tomaste la decisión o porque alguien más lo hizo por ti, lo cierto es que requieres empezar a hacer las cosas de diferente manera, encontrarte, rediseñarte y recargar la batería para volver a sonreír.

Es por eso que aquí te dejo 10 recomendaciones, que si bien no harán que te sientas como nuevo de la noche a la mañana, sí te ayudarán a vivir el proceso y no morir en el intento. ¿Estás listo? ¡Toma nota?

  1. Pide apoyo. Aunque mi madre era la mujer anti-psicólogos, yo estoy convencida que una de los elementos necesarios para transitar una ruptura amorosa es asistir a terapia para trabajar todas esas emociones que están enredadas, echas bola.
  2. Acude a tus amigos (a tu red de apoyo) y si por algo ya no están ahí o han cambiado, es momento de ponerte creativo y construir una nueva red.
  3. Mantén contacto con tu ex solo en caso de que sea necesario. Si sientes que leerlo, escucharlo o verlo te hace daño, es mejor cortar la comunicación, cada uno requiere de su espacio para sanar.
  4. ¡Ponte en movimiento! El ejercicio te ayuda a generar endorfinas y éstas te hacen sentirte mejor y mantener la cabeza ocupada.
  5. ¡A leer se ha dicho! Generalmente al terminar una relación nos queda mucho tiempo libre y nada mejor que aprovecharlo para leer. Los libros se convierten en compañeros ideales o en “amantes perfectos”, como les digo yo.
  6. Ejercita la paciencia. Si bien estar triste no está padre, de nada sirve tampoco desesperarnos y querer que todo se acomode mágicamente. Una separación es un duelo y como tal lleva su tiempo, así que hay que llevársela con calma.
  7. No estás solo, estás contigo. Aprender a estar con nosotros mismos puede ser todo un arte y más si la mayor parte de tu vida has estado acompañado. Necesitas darte chance de sentir tus emociones, identificarlas, acariciarlas, vivirlas en plenitud y no evadirlas trabajando en exceso, por ejemplo.
  8. Aléjate del alcohol y de las drogas, son unos pésimos consejeros cuando estás en plena reconstrucción.
  9. Ábrete a la posibilidad de hacer cosas diferentes, aquello que quizá nunca has hecho, por ejemplo: ir al cine solo, hacerte un tatuaje, irte de viaje unos días contigo mismo, en fin. ¡Ponte creativo!
  10. ¿Te cuesta trabajo dormir solo? Una almohada larga de esas que usan las embarazadas o un kit de almohadas comunes y corrientes, pueden ser la solución. Es sencillo, solo necesitas colocarlas a tus espaldas para sentir el peso o bien abrazarlas, y ¡listo! Ya sé quizá no sea igual, pero créeme que ayuda.
  11. ¡Dile adiós al miedo y no te rindas! En esta vida todo pasa por algo y para algo aunque por ahora no lo entiendas. Solo con el tiempo verás las cosas con claridad. Lo importante es que no te dejes vencer por el miedo, eres más fuerte de lo que te imaginas. Sigue adelante, no te detengas. Llegará el día en el que las piezas se acomoden y regreses a tu paz.
  12. Se agradecido. Por muy mal que estén las cosas, por mal que te sientas, estoy segura que cada día tienes algo por lo cual estar agradecido. Escríbelo en un diario, te sorprenderás de todas las bendiciones que hay en tu vida.

Hasta aquí por ahora.

Un abrazo con todo mi cariño para todos aquellos corazones rotos que hoy están en proceso de reconstrucción.

¿Qué hacer cuando no disfrutas lo que haces?

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¿Qué-hacer-cuando-no-disfrutas-lo-que-haces-Esta mañana, mientras trabajaba y pensaba de qué escribiría hoy, caí en cuenta que de que me sentía rara, sin ganas, haciendo las cosas en automático, sin disfrutar el momento presente.

Cuando lo hice consciente tuve ganas de parar y dejar todo botado, pero había muchos pendientes por hacer, así que preferí seguir y resolverlo sobre la marcha.

Inhalé y exhalé un par de veces, bebí un poco de agua y continué con mis deberes laborales.

Ya cerca de la hora de la comida, decidí parar, aprovechar que debía ir al banco para caminar un rato, despejar la cabeza y luego ir a comer con mi tía. Como cosa extraordinaria esta vez no lo haríamos solas sino que iríamos con sus amigas a celebrar los 80 de una de ellas. Por suerte antes de reunirnos con todas tuve la oportunidad de contarle a mi tía cómo me sentía y eso me ayudó mucho para aclarar mis ideas y tranquilizar un poco a mi corazón.

La primera cosa que se me ocurrió, tras escucharla, fue compartir lo que estaba sucediendo con ustedes, hablarles desde la parte de Leo que a veces está cansada, que no sabe cómo seguir, que tiene ganas de tirar la toalla.

La segunda decisión que tomé fue poner lo mejor de mí para aprovechar ese tiempo con la tía. Entonces decidí dejar de “ver mi ombligo” y enfocarme afuera, en lo que las amigas platicaban y ocurrió la magia.

Descubrí la alegría de vivir aún cuando los años hayan pasado, la importancia de mantenerse entretenido, la bendición de poder compartir una deliciosa plática con gente inteligente y maravillosa, agradecer el ver a una mujer de 80 años frente a mí llena de vida, de historias, con una sonrisa y las ganas de seguir viviendo. Wooow!

Además de ello, saboreé una exquisita comida y una fresca limonada, hasta que apareció mi “Pepe Grillo” y me dijo que era tiempo de volver al trabajo para terminar aquello que aún tenía pendiente y así lo hice.

Ya más tranquila y relajada regresé a mi escritorio, elegí música relajante y puse manos a la obra. Sorprendentemente avancé rápido y concluí lo que me había propuesto.

Era hora de regalarme la oportunidad de escribir y compartir estas líneas con mis queridos lectores. En resumen cuando te caches no disfrutando lo que estés haciendo, recuerda:

¿Que-hacer-cuando-no-disfrutas-lo-que-haces-2?

  1. Tómate un tiempo para cambiar de actividad, para soltar y relajarte.
  2. Pídele al Universo (Dios, Buda, Ángeles, en quien tú creas) que te indique el camino a seguir con la confianza de que la respuesta llegará a su tiempo y cuando aparezca toma acción.
  3. Continúa…
  4. Si no puedes parar al instante que te cachas no a gusto, busca ese espacio para contactar contigo. A veces sólo basta mirar y contactar con el de junto para  seguir respirando.

Quizá no quede todo resuelto de una y al momento, pero créeme que esas pausas son un bálsamo no sólo para tu mente sino para tu corazón.

¡Hasta la próxima!

La inevitable fecha de caducidad

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La-inevitable-fecha-de-caducidadPor alguna extraña razón, los seres humanos olvidamos que somos finitos, es decir que tendremos un límite, nacemos y morimos. Sin embargo, vivimos pensando que seremos eternos, que el trabajo será para toda la vida, que nuestras relaciones durarán para siempre… Y la vida no es así, todo y todos tenemos una fecha de caducidad.

En los alimentos enlatados, congelados o empaquetados es muy fácil darnos cuenta de cuándo caducan porque la información está ahí impresa. En cambio, hablando de los seres humanos no tenemos idea cuándo vamos a morir así como tampoco cuánto tiempo duraremos en un empleo. Lo que sí podemos saber, es que tenemos el hoy, el presente, este instante para vivirlo y disfrutarlo en toda la extensión de la palabra.

No se trata de ser fatalistas ni ultra optimistas. El tema es aprender a entretenernos con lo que tenemos, con lo que en este momento estamos haciendo. Saborear los alimentos, darte la oportunidad de experimentar el placer de estar con la persona que amas, degustar quizá a veces las experiencias amargas de la vida, divertirte haciendo un berrinche, gozar haciendo lo que te apasiona, no quedarte con las ganas de hacer las cosas por miedo a fracaso, a sufrir, a que no dure, en fin.

Seguido nos ocurre con las relaciones que deseamos que fueran para siempre, quisiéramos que alguien, una persona, la bola de cristal, el hada madrina, nos asegurara que todo irá bien, que durará, y muchas veces por estar ocupados en esos pensamientos nos olvidamos vivir plenamente el momento y agradecer por ello.

Me viene a la mente el ejemplo de las fotos en los conciertos, cuando dejamos de sentir la música, cantar, bailar, gritar por estar pegados al celular queriendo capturar la mejor foto… ¿Y luego qué pasa con esas fotos? ¡Ah sí! Las compartimos en redes y se quedan ahí guardadas, se pierden. Bien dice un muy querido amigo que cuando la pasas increíble, no hay tiempo para la foto.

Desconocer nuestra fecha de caducidad nos regala la oportunidad de aprovechar cada instante al máximo. Preferible será, desde mi personal punto de vista, arrepentirse de lo hecho quedarse con el “y si hubiera…”.

Recuerda: Todo es por ahora y nada es para siempre. Así que ha llegado la hora de empezar a vivir plenamente y que la inevitable fecha de caducidad, llegue cuando tenga que llegar.

La necesidad de pertenecer y ser reconocido

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La-necesidad-de-pertenecer-y-ser-reconocidoLas últimas semanas he vivido sumergida en una aventura en la que han surgido un sin fin de preguntas, sensaciones y emociones en busca de respuesta. Entre ellas está esa necesidad que tenemos los seres humanos por pertenecer a determinado grupo y ser reconocidos.

Ese darte cuenta que formas o no parte de algo, puede ser muy revelador. Una sensación que te puede hacer sentir genial o fatal según sea el caso. Por lo general, cuando todo de maravilla, olvidamos cuestionamos más allá, sin embargo cuando descubrimos que no pertenecemos a al “grupo” que tanto nos importa, no es muy agradable.

Es entonces cuando inicia el aprendizaje: puedes optar por quedarte en esa sensación desagradable, sentirte triste, miserable, decepcionado o bien aceptar que así son las cosas, que por algo no eres parte fundamental de “eso”, reconocerte por quien eres y comenzar la búsqueda de un nuevo conjunto al que, siendo como eres, ingreses y logres pertenecer. Con paciencia, paso a paso, en contacto con tu ser, encontrarás ese lugar.

¿Qué decir del reconocimiento, ese que parece ser la vitamina que te anima a seguir, que te hace sentir sensacional, que te alimenta? Ese… Debe venir de tu interior. En la medida en la que seas consciente del trabajo que has realizado, las batallas que has librado, los logros que has alcanzado, tú debes ser el primero en aplaudirte, en estar orgulloso de ti porque ¿sabes? El reconocimiento que esperas de un familiar, un amigo, un jefe, del mundo, quizá nunca llegará… Eso no quiere decir que esté bien o mal, es simplemente lo que yo llamo aceptar lo que hay, sin tomarte las cosas personales, ya que en muchas ocasiones los otros son incapaces de reconocer la luz que hay en ti. Y no es que lo hagan de mala gana, sólo que desde el lugar en el que ellos están no pueden reconocer otra cosa o no aprendieron a hacerlo.

Vive ligero y plenamente, siempre consciente del lugar que ocupas en esta tierra, claro de quien eres, de lo que quieres, enfocándote en lo que sí está y no en aquello que quisieras que fuera y que más que lo fuerces, no se dará, al menos por ahora.

Por favor, no me digas que se lee fácil y que no lo es. Todo viaje tiene su encanto, se trata solo de contactarte lo la persona más importante del planeta: tu ser.

La simplicidad de la vida

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La-simplicidad-de-la-vida

Vivir sin complicaciones, haciendo solo “eso” que te corresponde y te hace feliz. Algo tan sencillo, pero que parece que lo hemos olvidado. A veces pienso que nos gusta irnos por el camino que tiene más obstáculos y si no, nos las ingeniamos para que las cosas sean difíciles.

Seguro que me dirás: “¡Claro que no Leo! Yo lo que menos quiero es complicarme la vida.” Y no digo que lo hagas conscientemente, generalmente esto ocurre a nivel inconsciente, de ahí la importancia de que nos demos cuenta para poder cambiarlo.

Cada día me convenzo más, entre lo que he leído y obvio la propia experiencia, que nuestros pensamientos y nuestras acciones van creando nuestra realidad. En la medida que nos enfocamos en lo que nos apasiona, que tenemos una actitud positiva, que nos abrimos a la posibilidad de que la magia suceda, tarde o temprano, ésta aparece.

Ya sé que me dirás que no siempre se puede estar feliz y sonriendo, menos mal porque si no sería aburridísimo, pero si viéramos el lado simple de la vida, si cuando estamos tristes nos damos el tiempo para estarlo, sería muy diferente.

A veces vivimos queriendo controlar lo incontrolable y buscando tener la razón en todo, ¿qué pasaría si nos quedamos en lo sencillo y simplemente aceptamos las cosas como son y fluimos? Si invirtiéramos toda la energía que utilizamos para encontrar el frijol negro en el arroz para enfocarnos mejor en todas las posibilidades existentes en el arroz blanco, seguro nos cansaríamos menos y disfrutaríamos más de la vida. Eso sin contar que seguramente estaríamos más felices disfrutando de lo que hay.

¡Ojo! No estoy diciendo que te vuelvas un irresponsable, sólo se trata de darle el valor que tiene cada cosa, persona o circunstancia por lo que es.

La simplicidad de la vida: tomar un café por la mañana con calma, pasártela de maravilla mientras te ejercitas, gozar de la hora del baño, hacer tu trabajo con gusto, ayudar al anciano necesitado de la calle, agradecer que estás sano, dar las buenas tardes al señor que se te cruzó en la calle, preparar un rico pastel, ver una serie de televisión, si coincidimos increíble y si no, por algo será, y así.

¡Sin complicaciones! Fácil, ¿no crees?

La vida no va a nuestro ritmo

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La-via-no-va-a-nuestro-ritmoVivimos en la época de la inmediatez. La tecnología y sus avances han acelerado una serie de procesos que, por una lado han beneficiado enormemente al ser humano y por el otro le han dado en la torre.

Cada día las personas nos volvemos más impacientes e intolerantes. Pareciera que ya nos acostumbramos a que todo esté en un clic, al instante y cuando nos toca esperar o estar en una situación que lleva su tiempo, se nos ponen los pelos de punta.

De ahí la importancia de aprender a ejercitar la paciencia para evitar experimentar uno de los sentimientos más destructivos y que lamentablemente parece estar de moda: la frustración. Pero… ¿qué es lo que hace o lleva a un ser humano a frustrarse?

Comencemos por definir la palabra como: la imposibilidad de satisfacer una necesidad o deseo, que genera un sentimiento de tristeza, decepción o desilusión. Algo sucede que nos impide obtener lo que queremos y nos enojamos porque, de alguna manera, estamos seguros de que hemos realizado todo lo necesario para llegar al objetivo. Sin embargo, a veces se no olvida que hay cosas que no dependen 100% de nosotros, es decir que existen otros factores que también intervienen para que lleguemos al resultado. Dichos factores pueden ser humanos, circunstancias o incluso, y por muy loco que te suene, la ley universal.

Si tú estás seguro de que has hecho todo lo que estaba a tu alcance para conseguir una meta y aún no la logras, quizá se deba a que por alguna razón eso que tanto quieres no es para ti, al menos no por ahora. Así como lo lees y… ¡Ojo! Eso no significa que tengas una mente conformista y te escudes en “la víctima” o te tires al drama con el “a mí no me tocaba”. Simplemente se trata de que aceptes la situación tal cual está hoy. Tal vez en este instante no lo entiendas, pero el tiempo es sabio.

Si las cosas no van como quisieras, si has dado lo mejor de ti, a lo mejor es momento de parar. Respira, acepta lo que es y agradece por todo aquello que sí tienes. Suelta, fluye y recuerda que: “La vida no va a nuestro ritmo”. No permitas que la frustración te impida ver todas las bendiciones de tu vida, que te aseguro, sin temor a equivocarme, que son muchísimas.

¡Hasta la próxima!

¿Etiquetar o no etiquetar? ¡Tú decides!

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Etiquetar-o-no-etiquetarHe de comenzar esta nueva entrada, confesando que esta mañana no tenía claro qué escribiría, cosa que no me sucede normalmente. Sin embargo, la vida y mi musa que son muy sabias no me fallaron. Cerca de las 10am recibí una llamada, que me aclaró todo. Al hablar con una amiga, ella sin imaginarlo me dio la respuesta: “No necesitas ponerle una etiqueta”.

Así que aquí vamos. Vivimos en un mundo en el que parece que etiquetar es lo de hoy. Para todo las usamos. ¡Detente unos instantes y reflexiona! Vas al cine con alguien y cuando comentan la película empiezan: buena, divertida, malas actuaciones, no recomendable, etc. O qué me dices cuando entre un grupo de chavos empiezan con que si fulano es gay o no, que si tiene novia, que si batea para ambos lados, que si consume drogas, que si no. O qué tal cuando estás saliendo con un chico que te cae muy bien y además tienen química, pero no son novios, ni los mejores amigos; tampoco son amigos con derechos ni amantes, no son pareja, sin embargo se la pasan de maravilla cuando se ven… Entonces… ¿Qué son?

Pareciera que nuestra mente y la sociedad sí o sí necesitan etiquetarlo de alguna manera, darle un nombre, para colocarlo en un lugar, para que cumpla con ciertos puntos, etc. etc. ¿Y qué pasa cuando una cosa, una persona, una relación no encajan con las etiquetas? ¿Lo dejas, lo tiras, te frustras?

Si lo vemos detenidamente, desde mi punto de vista, el colocar etiquetas es dar de una manera u otra una interpretación a algo, es decir, defines el hecho de acuerdo a tu experiencia, tu punto de vista, pero eso no significa que sea 100% así. Para ti quizá sí, para el otro no. Es por ello que cada quien debería de elegir aquella interpretación que lo empodere más, la que le cheque y le funcione para su vida.

En el caso de las relaciones humanas con mayor razón. Hay veces que no es necesario etiquetarlas porque a veces las personas, las relaciones están en un proceso, en una búsqueda para llegar a ser, a florecer y al etiquetarlas, les estamos cuartando su camino y libertad de algún modo.

Personalmente esta mañana cuando escuché que mi amiga me decía que no era necesario ponerle una etiqueta a determinada situación, me dio una paz increíble, fue como si se me quitara un peso de encima, me sentí liberada, pude seguir con mi día y por si fuera poco compartir estas líneas contigo.

Así que se te dejo de tarea: ¿etiquetar o no etiquetar? ¡Tú decides!

Mi Cuento de Princesa

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Cuento-de-princesa-1Los que me conocen, saben que mi fecha favorita del año es mi cumpleaños. Es un día que espero con mucha ilusión y que preparo siempre con un toque muy personal. Mis amigos y familia se encargan de impregnarle el factor sorpresa y la magia a esa celebración.

Este año no fue la excepción. Estaba decidida a festejar mis 44 viviendo experiencias que fueran únicas, al menos para mí. Fue así que cuando una amiga me preguntó qué quería de regalo, no dudé en decirle que deseaba conocer el “Castillo de Chapultepec”. Sí ya sé qué es lo que estás pensando: “¿Cómo que nunca habías ido?” Así como lo lees, por “x” o “y” razón nunca lo había visitado.

Fue así como el sábado pasado, viví un día muy especial y divertido, que además me hizo pensar mucho y compartir contigo estas líneas.

El haber tenido la fortuna de recorrer el “Castillo de Chapultepec” sumado a una plática previa a llegar a este lugar de ensueño, me hizo pensar en los cuentos de princesas. Esos que mamá, la abuela o la nana nos contaban, donde las protagonistas eran las chicas que tarde o temprano terminaban viviendo en un castillo al lado de su Príncipe Azul.

En primera instancia pensé, qué delicia de vida la de aquellas mujeres, tan fácil y sencilla, al lado de su amor. Conforme recorría los pasillos, las salas y los jardines del castillo como un ser humano común y corriente, fui descubriendo y cayendo en cuneta, que mi vida quizá no es como la de las princesas, sin embargo también es especial.

Es la historia de una mujer actual, que trabaja, que sueña; que tiene un estilo de vida propio; con sus logros y fracasos; que ríe, que llora, que se esfuerza. Estar en aquel lugar de ensueño me hacía sentir como una princesa moderna, escribiendo el los jardines, disfrutando de una buena lectura en la biblioteca, celebrando un gran banquete entre amigos, incluso imaginarme al lado de mi príncipe, que dicho sea de paso no era azul. Pensaba en un príncipe de colores y que cada uno de ellos representaba sus virtudes. También me reía conmigo misma recordando los sapos que he besado y lo divertido que ha sido. Me decía a mí misma que resulta interesante jugar a ser princesa a mi manera, toda una princess pero con los pies bien puestos en la tierra y la mirada hacia el cielo.

Cuento-de-princesa-4Disfruté enormemente la visita, además de lo hermoso del sitio y de la riqueza de la historia. Mi cabeza loca me llevó a recordarme, que si bien mi vida poco tiene que ver con la de una princesa, tiene lo suyo y así es maravillosa. Cierto es que sueño con encontrar a mi Príncipe de Colores y que a veces me enojo, me desespero, me desanimo, pero aún con esos faltantes que hay por ahí amo la oportunidad de estar viva, de gozar cada instante del viaje, de ser feliz con las pequeñas cosas del día a día, que al final son las que hacen de Mi Cuento de Princesa algo único e irrepetible.

¿Cómo es tu cuento de hadas? Porque recuerda que cualquiera que sea tu realidad, tú también puedes hacer de tu paso por esta tierra un cuento de princesa.